Aunque a Samuel le sobra talento para ser campeón, lo que se le da por destino es aguantar los golpes, como un punching bag, así que le toca ser sparring a sus treinta años, porque nadie le da otra oportunidad, incluso Joe, su entrenador de antes, que ahora entrena a un nuevo prospecto, decide ponerlo a prueba, pero las pruebas no alimentan a su familia y hay otras tentaciones que lo rondan. Lo único que quería era volver al ruedo y demostrarse a sí mismo y a los demás que podía cambiar, recuperar a su familia, ganarse el cariño de su hijo. Creyó que los días de cárcel eran suficientes para limpiar sus culpas y empezar de nuevo, pero de vuelta al barrio, la vida lo pone en su lugar y no podrá sacarse los guantes ni para dormir. Y aunque la posibilidad de la migración se vislumbra como un renacimiento, Samuel en el fondo sabe muy bien que no importa a donde vayas, el barrio sigue dentro de ti.